Roderic... Quinta parte

Adiós señor oficial 


   Ese día se retiraba y con grandes honores. Era su gran día y permitió que sucediera el robo más grande en la historia de este solemne estado libre y soberano de Jalisco asociado a los beneméritos Estados Unidos Mexicanos.
Méndez era nuestro mejor hombre. El mejor policía de Ajijic... Es una lástima lo que le sucedió, pero soy el jefe e hice lo que tenía que hacer. Le transcribiré todo lo que sé señor...


   -Señor, no es mi culpa. Estaba en el acto de mi retiro en la plaza principal con los cientos de policías de esta honorable institución y con usted quien incluso me dio un fraternal abrazo y me tomó de las manos una y otra vez para felicitarme por mi gran trabajo como servidor de la ley.

 

   -¡Sin excusas Méndez! Bien pudo haberse negado a recibir el reconocimiento y ya estuviera acostado en una hamaca en una playa disfrutando de su sueldo de retirado. Como ya le dije con anterioridad: ¡Está despedido! Ahora váyase de mi oficina, no lo quiero volver a ver en mi vida. 

   -Sí señor... Oh, ¿que le diré a mi esposa que está en casa, haciendo las reservaciones para irnos a Puerto Vallarta...? 

   Según tengo entendido fue al café que está en la esquina de esta honorable comandancia y fue testigo de... No lo molestaré con los detalles nimios señor... Mejor le presento las palabras textuales que dictó en ejercicio de su declaración después de que nos lo encontramos en Vallarta con su esposa...  

   Tomaba tranquilamente un café pensando en cómo iba a decirle a mi esposa de mi despido; un maravilloso latté bebía, ¿sabe? De repente por una de las ventanas observé a un extraño tipo de ojos marrones y cabello castaño claro; en verdad que era muy apuesto, casi diría que era un galán de telenovelas o de películas, de esos de los que mi esposa habla tanto. Tenía una gran mochila en su espalda y juraría que lo había visto durante 3 días seguidos rondando afuera del banco; creo que él fue el ladrón del banco. Pero no me importó... ¿sabe? Al fin y al cabo ya no era más un policía y no era mi deber detenerlo. Ahora, si me disculpa, iré por otro café que éste ya se enfrió...  

   Sí señor... lo siento, no debí de haberlo despedido... ¡Maldición! ¿Cómo se corrompió nuestro mejor elemento después de haber atrapado al hombre más buscado de México... Primitivo Gómez?

27/07/2006 18:57

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